Messi, el cumpleaños del mito viviente
Por Héctor Heredia,
Lionel Messi cumple 39 años. Es la gran figura de la Copa del Mundo y es también hoy el máximo goleador en la historia de los mundiales que comenzaron a disputarse en 1930, hace casi un siglo.
Su magia sigue asombrando a todo el planeta. Sigue vigente. En cada partido que ha jugado con la selección argentina, en Estados Unidos 2026, ha demostrado que su brillo no se opaca por el paso de los años, sino todo lo contrario. En rigor, el diamante jamás lo pierde pese a todas las contingencias que puedan afectarlo y Messi es como la citada piedra preciosa que siempre conserva su esplendor.
En Qatar 2022, Messi alcanzó el punto cúlmine de su carrera con la obtención del título mundial. Cuatro años después, las ganas de repetir otra corona rondan en su cabeza y se contagian a sus piernas que continúan escribiendo las épicas más gloriosas de la historia del fútbol.
Es el líder de su equipo. Es capaz de resolver todos los problemas que la selección argentina pueda tener en la cancha, en un segundo o tal vez menos, de la manera más atípica o más inesperada para el entendimiento humano.
Es el hacedor de jugadas fantásticas, de goles espectaculares que despiertan las emociones más profundas de admiración y éxtasis, no solo en los aficionados argentinos sino en los de todo el planeta.
Sus fanáticos se multiplican en todos los continentes. Sus camisetas se venden de a millones. Su fama trasciende al fútbol. Es así entonces como líderes mundiales, actores y actrices de Hollywood, deportistas de élite , cantantes, músicos, escritores y figuras de trascendencia internacional, de cualquier rubro o actividad, se rinden ante su talento inigualable y lo llevan al plano de una divinidad terrenal.
Pero Messi mantiene los pies, no solo en el campo de juego, sino sobre todo en la tierra. No acepta que lo traten como a un Dios, sino que ratifica que él solo tiene un don que le dio Dios y que todo lo que hace en la cancha lo hace por ese regalo que Él le ha dado.
Es decir que no se envanece, ni se cree más que cualquier otro ser humano, sino solamente se considera un receptor de un don que proviene del cielo, hacia donde eleva sus ojos y su corazón en señal de agradecimiento cada vez que celebra una de sus conquistas.
Messi llegó a Estados Unidos 2026 con 38 años, con el apoyo de sus millones de admiradores que querían verlo una vez más, honrando a la pelota, mimándola, protegiéndola, venerándola y creando las más extraordinarias obras, dignas de ser guardadas en el patrimonio colectivo de la memoria eterna de los aficionados del deporte más popular del mundo.
Sin embargo, los ídolos también tienen detractores o personas que motivadas por distintas razones se esfuerzan en desconocerlos, criticarlos o ignorarlos. Messi no excede a esa lógica. También Da Vinci recibía las críticas de otro talentoso como Michelangelo Buonarrotti quien en el Renacimiento competía con él por ser el mejor y no sólo lo hacía con su arte, sino también con una verborragia ácida contra el genio de Leonardo a quien lo hacía destinatario de sus burlas.
En esta lógica que acompaña al comportamiento humano desde su génesis, Messi arribó a la Copa del Mundo con los anuncios agoreros de sus críticos respecto de que su edad y su paso por el fútbol estadounidense, considerado de supuesto segundo nivel, eran suficientes argumentos para sustentar la teoría de su fracaso en Estados Unidos 2026.
Sin embargo, la estrella argentina contradice a los 38 años todos los pronósticos pesimistas y la edad no lo conduce al ocaso futbolístico sino que lo reconvierte, lo moldea en una nueva versión profesional, que lo transforma en un ejemplar innovador de sí mismo.
Messi quizás ya no corra como lo hacía en Qatar 2022. Pero ha encontrado otra forma de interpretar el juego. Se ubica donde debe estar, aparece en el momento preciso y cuándo el juego mejor lo aconseja.
Messi se planta siempre como un francotirador dispuesto a asestar el tiro letal al arco contrario. Su presencia asusta a los rivales, los incomoda y los amedrenta porque sospechan que en cualquier momento se encenderán sus prodigiosas virtudes y les arruinará el plan creado para contrarrestarlo en el campo de juego.
Asimismo, Leo lidera a sus compañeros con el ejemplo. Transmite que es un eslabón más, sin divismos ni aires de supremacía y a cambio el plantel se comporta generosamente con una actitud insoslayablemente solidaria y colaborativa que resultan comprobables en la emoción que se expresa cada vez que Messi marca un gol cuando los titulares, suplentes y hasta el propio técnico Lionel Scaloni corren a abrazarlo, tocarlo o besarlo como una señal permanente de reconocimiento y unidad.
Messi cumple 39 años. Otra vez celebra su natalicio en pleno desarrollo de un mundial. Ya pasó en Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018.
Esta Copa es diferente para él. Quizás sea su último acto.
Solo él sabe que va a ser de su futuro, por ahora disfruta de su presente que lo encuentra como un mito viviente, protagonista de epopeyas y hazañas inigualables, que despiertan emociones difíciles de definir con palabras, porque ya todas parecen pocas para calificar a la majestuosidad de su arte.
¡Feliz cumple, Messi!
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