Turismo

El riesgo de confundir récord turístico con buen modelo de gestión

Por Fernando Del Vecchio (*)

MADRID, España – España vuelve a mirar el turismo desde una cifra de alto impacto: la posibilidad de alcanzar los 100 millones de visitantes internacionales en 2026. El dato confirma la fuerza del país como destino global, pero también abre una pregunta que el sector no debería evitar: ¿todo récord turístico es necesariamente una buena noticia?

La respuesta depende de cómo se lo gestione. Un crecimiento sostenido puede reflejar competitividad, atractivo internacional, conectividad, inversión y capacidad comercial. Pero también puede producir una forma peligrosa de complacencia. Cuando los indicadores acompañan, las organizaciones tienden a discutir menos, revisar menos sus supuestos y postergar las preguntas incómodas. En turismo, esa comodidad puede ser costosa.

El desafío ya no consiste solo en atraer más visitantes. Consiste en decidir mejor dónde, cuándo, cómo y bajo qué condiciones se quiere crecer. Un destino puede aumentar llegadas y gasto, pero al mismo tiempo deteriorar la experiencia del viajero, tensionar la vida local, sobrecargar servicios, encarecer zonas urbanas o presionar a equipos que ya trabajan al límite. La pregunta no es cuántos turistas llegan, sino qué tipo de sistema turístico se está construyendo con ese crecimiento.

Aquí aparece una distinción central para la dirección de empresas y destinos: crecer no es lo mismo que fortalecer el modelo. Un modelo turístico se fortalece cuando distribuye mejor la demanda, mejora la experiencia, eleva la calidad del empleo, protege los recursos del territorio y evita que el corto plazo capture todas las decisiones. Se debilita cuando convierte el éxito en argumento para no cambiar.

España parece haber entendido parte de esa tensión al insistir en la diversificación geográfica, la desestacionalización y la búsqueda de mayor valor por visitante. No es un detalle menor. En sectores maduros, el problema rara vez está en la falta de datos. El problema aparece cuando los datos positivos reducen la capacidad de contraste. Si todos celebran el récord, alguien debe preguntar qué presión oculta ese récord.

La hotelería, las aerolíneas, pero también las administraciones públicas necesitan tableros de gestión más amplios. No alcanza con mirar llegadas, ocupación, tarifa media o gasto agregado. También hay que observar señales de saturación, percepción del residente, calidad del servicio, rotación del talento, tiempos de espera, congestión, reputación y experiencia real del visitante. Lo que no entra en el tablero, tarde o temprano queda fuera de la decisión.

El turismo español tiene una ventaja evidente: sigue siendo deseado. Pero esa ventaja no es eterna. La demanda puede sostener un ciclo de crecimiento, pero solo la calidad decisional puede sostener un modelo. En el fondo, la discusión no es si si España debe crecer más o menos. La cuestión es si será capaz de crecer sin dejar que el éxito le impida ver sus propios límites.

El verdadero riesgo de un récord no está en alcanzarlo. Está en creer que, por haberlo alcanzado, ya no hace falta pensar mejor.

(*) Fernando Del Vecchio es asesor independiente de alta dirección e investigador sobre arquitectura decisional. Ph.D en Dirección de Empresas (UCEMA). https://www.linkedin.com/in/fernandodelvecchio/